Los centros comerciales se blindan los fines de semana para frenar el aumento de robos

Los ladrones aprovechan la afluencia de público para actuar, lo que obliga a las tiendas a duplicar la vigilancia. Desde el sector advierten del aumento de hurtos cometidos por menores y extranjeros.

Diseñan su estrategia al milímetro, sin improvisaciones. Cada movimiento está estudiado y bien ensayado. Una planificación que no pasa por alto la propia lógica matemática. A más afluencia de público, más posibilidades de pasar inadvertidos y, por ende, de llevarse a casa la camiseta o la colonia de moda sin pagar ni un céntimo. Los amigos de lo ajeno conocen bien la máxima e intentan aplicarla cada fin de semana. El nuevo concepto de ocio ha hecho que los centros comerciales se conviertan los viernes y sábados en la opción preferida por miles de familias. Y a más aglomeración, más intentos de robo. Los gerentes de las grandes superficies ya tienen comprobado que la mayor proporción de hurtos se concentra al final de la semana y no escatiman en medios para reducir las pérdidas. Así, tras ser consultados por este periódico, la mayoría confirmó que esos días duplican el número de efectivos de vigilancia.

Y es que, como admiten en el sector, todo esfuerzo es poco para combatir a unos cacos con métodos «cada vez más sofisticados». Al respecto, los responsables de los centros comerciales destacan la pericia de los delincuentes quienes, según explican, aprovechan los cambios de turno de los dependientes de los comercios, especialmente los del mediodía, para actuar. «Lo tienen todo muy bien atado. Llegan cuando hay relevos y parece que los empleados se despistan», expone el gerente de un conocido complejo de la capital.

Las tiendas no son ajenas a este tipo de tretas e intentan mantener los ojos bien abiertos, como relata la encargada de una cadena de perfumerías. «Si entre semana ya estamos alerta, los viernes y sábados nos piden que no despeguemos la vista de los clientes. Y aún así siempre se nos escapa alguno. Son auténticos profesionales que utilizan técnicas muy difíciles de detectar, como bolsas forradas que inhiben los sistemas de alarma», sostiene.

Sobre el daño que hacen estos pequeños robos a las arcas de los comercios, el último Barómetro mundial del hurto en la distribución concluye que el fenómeno delictivo le cuesta al sector la friolera de 2.645 millones de euros anuales, lo que representa el 1,28% de las ventas. Y otro dato: A tenor del citado informe, en España, la distribución gasta 827 millones de euros en seguridad.

Videocámaras

En lo que a Málaga se refiere, el presidente de la Asociación de Empresas de Seguridad Privada, Federico Sánchez, confirma la inquietud creciente de los comercios por esta materia. Al respecto, concreta que las joyerías son las que más demandan sistemas anti hurtos, «al ser, históricamente, los establecimientos con más riesgos», señala, al tiempo que destaca la demanda en auge por parte de tiendas de regalos, complementos o superficies de alimentación. En alusión a los dispositivos en boga, Sánchez cita a las cámaras de grabación, «que permiten controlar los movimientos internos del comercio a distancia», comenta.

El abanico de soluciones es muy amplio. Todo depende del presupuesto que pueda permitirse cada bolsillo. Los datos aportados por la Federación del Comercio de Málaga (Fecoma) revelan que el 90% de los locales malagueños ya disponen, como mínimo, de algún sistema de alarma tradicional.

Más sofisticados

Pero hay quienes dan un paso más y eligen sistemas más sofisticados para cazar a los ladrones. Además de la instalación de videocámaras, muchos comerciantes camuflan aparatos diminutos con células fotoeléctricas que detectan las alarmas a la salida o utilizan el nuevo sistema de etiquetado RFID/EPC. Un chip que hace casi imposible el robo.

Aunque las grandes superficies, por su idiosincrasia, son más proclives a sufrir robos, el pequeño comercio tampoco se libra de los cacos. El problema -según explican desde el sector- se da especialmente en comercios atendidos por una única persona, preferentemente mujer, y en las joyerías. Las barriadas más perjudicadas por los atracos siguen siendo Palma-Palmilla, Málaga Norte, Martiricos, la Unión y el extrarradio del casco urbano, en especial la calle Santa María.

Desde principios de año, los negocios de la capital han sido víctima de al menos, cinco atracos. En este periodo, han trascendido los asaltos a punta de cuchillo de dos tiendas de ropa del Centro, el robo a una farmacia de la zona de Teatinos, otro en una tienda de comercio solidario y un quinto en una gran superficie.

Fuente: www.deia.com, Mañu de la Puente Donostia

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